domingo 3 de abril de 2011

Todavía me pregunto qué fue lo que me hechizó de tal manera. Llevaba años observándola y admirándola; de día, de noche. Antes de Ella, mi vida era lo que podríamos denominar como normal. Pero Ella llegó, trayendo consigo un mundo paralelo al terrenal, donde la perfección no existe porque existe Ella. Cualquier término que significara grandeza, inmensidad, se tornaba en algo insignificante e inútil a su lado. Desde luego, ese era mi sitio; mi lugar lo marcaba el camino que sus pies recorrían; mi destino tenía su nombre como meta por alcanzar.


3:48. Diecisiete días, cuatro horas. Diecisiete largos días sin conciliar el sueño. Quinientas doce horas de impotencia, de desesperación, de soledad, inerte. 


Treinta mil setecientos veinte minutos desde su desaparición.

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