-¿Puedo pasar?
- Adelante.
Tenía un gesto preocupado en la cara. Se quedó mirándome unos instantes antes de dirigirse a mí.
- Tengo que hablar seriamente contigo. Desde que pasó lo de… bueno, ya sabes… estás como ausente. No sales de tu despacho ni tan siquiera para comer, y hace tiempo que no te relacionas con tus compañeros. Mira, llevas muchos años aquí, y has demostrado estar más que a la altura. Estoy muy satisfecha con tu trabajo, pero creo que deberías tomarte un par de días libres para encontrarte a ti mismo y aclarar tus ideas, por tu bien. Soy la primera interesada en volver a ver a la misma persona optimista y alegre de siempre.
- Ya le he dicho que no necesito días libres, de verdad. Se lo agradezco, pero la verdad es que estar fuera de esa casa me hace bien.
Vaciló unos segundos.
- Está bien, como tú quieras. Pero de todas maneras, quiero que me hagas un favor. Dedica este día para ti… no sé, haz algo que te relaje, que te haga olvidar por un momento todo. Hoy ya has terminado tu trabajo, así que márchate y disfruta de tu tiempo libre. Entiéndelo, nos preocupamos por ti.
El silencio inundó la habitación por un momento. Probablemente tendría razón; estaba haciendo de mi trabajo una segunda casa, como si mientras estuviese dentro dejara de ser yo mismo, y mis problemas fuesen de otro. Quizá en el fondo no me vendría mal respirar un poco de aire fresco.
Sin decir nada, cogí mis cosas, me levanté, y me dirigí hacia la puerta para marcharme. Antes de irme, la mire a los ojos:
-Gracias.
Ella asintió, mientras se le dibujaba una leve sonrisa en la cara.
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Aquella tarde me dediqué a pensar en las palabras que mi jefa me dedicó esa mañana. Ni siquiera me había dado cuenta de lo aislado que estaba del mundo; simplemente, no me había parado a pensar en ello. Me sentía en deuda con Ella, y pensar en otra cosa que no fuese en buscar una manera de tenerla de vuelta conmigo, era como una ofensa, un despropósito. Sin embargo… quizá relajándome un poco vería todo más claro, aunque aquel hombre al que llamé me hubiera descolocado por completo.
Decidido. Hoy me dedicaría a mi… pero todavía tenía que pensar en qué hacer.
Recordé por un momento sus palabras:
“Haz algo que te relaje, que te haga olvidar por un momento todo.”
Un lugar donde mis problemas se esfumasen…
Esa frase me llevó a pensar en los momentos que pasaba con Ella. Ella era mi rincón preferido del universo, y su sola compañía me hacía entrar en un mundo donde nada podía salir mal; como si la caja de Pandora nunca hubiera sido abierta, encerrando todos los males en su interior y apartándolos de nosotros. Desconocía lo que era el dolor o el sufrimiento cuando estaba Ella a mi lado.
Recordé también la época en la que nos conocimos. A Ella le encantaba que la llevara a un viejo antro de las afueras de la ciudad, “Full Moon”. Estaba decorado con motivos étnicos; estatuas artesanas, columnas talladas con delicadeza y algún que otro dibujo; de animales normalmente. Era un local pequeño y poco transitado; sin embargo, a Ella le encantaba estar en aquel sitio. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo por allí.
…¿Full Moon?
¡Luna Llena!…

